Poblado de La Atalayita
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Poblado de La Atalayita

El Poblado de La Atalayita es un yacimiento arqueológico, cuya ocupación se remonta a la época aborigen de Fuerteventura, los mahos (pueblo de origen bereber procedente del norte de África que vivía en la Isla antes de la conquista en el siglo XV) y ha sido reutilizado, de forma continuada, por los pastores después de la conquista y colonización de la Isla.

El yacimiento ocupa una superficie aproximada de 45.045 m2 y está formada por 115 estructuras de diversa tipologías y complejidad, las cuales podemos dividir en: construcciones abovedadas, construcciones mixtas formadas por el adosamiento de recintos abovedados con otros de mayores dimensiones, construcción tradicional, tubo volcánico acondicionado y otras construcciones circulares cuya funcionalidad todavía se desconoce.

Los primeros estudios realizados en el poblado se iniciaron en la década de los años 50-60 con el Comisario de Excavaciones Sebastián Jiménez Sánchez, quien los denomina con el nombre de El Saladillo.  Es a partir de 1974 cuando será conocido con el nombre de La Atalayita, iniciándose en enero de ese mismo año las tres campañas de excavaciones arqueológicas desarrolladas entre 1974 y 1977 a cargo del profesor Demetrio Castro Alfín.

Durante esos años se recogió gran cantidad de material arqueológico en superficie, compuesto mayormente por fragmentos de cerámicas realizadas a mano y con decoraciones, pertenecientes, según los investigadores, a la etapa aborigen de la Isla; fragmentos de cerámica lisa, popular y a torno, así como material malacológico, lítico y óseos.  En los cortes realizados se extrajo la misma tipología de material, exceptuando algunos objetos como un fragmento de metal y un alfiler del mismo material y también algunas piezas realizadas en conchas, pulidas y con orificios, con forma de colgante.

La singularidad de las construcciones del poblado así como su situación entre dos espacios protegidos de gran valor natural y cultural como es el Malpaís Grande y Cuchillos de Vigán, lo convierte en uno de los yacimientos más relevantes del patrimonio arqueológico insular.  Su divulgación permitirá dar a conocer diferentes aspectos relacionados con el mundo aborigen, además de garantizar el disfrute de sus valores culturales a las futuras generaciones.